lunes, 15 de diciembre de 2008

Ya es de noche

Son las 1:47 de la mañana y mientras muchos se entregan al descanso nocturno, a una muerte de horas programadas en que se cansan de vivir por un rato, yo ocupo ese tiempo en que nada ni nadie me molesta para escribir de eso que no hablo con nadie, como un secreto que rebelo en la oscuridad, como una franqueza solitaria que se asoma sorpresiva cuando el sol no la deja en evidencia, que se acompaña de un tabaquismo que me aprieta el pecho con cinco cigarros que cuento en mi cenicero, es como una doble sensación de ahogo que me apremia, como un poco de mi vida que entrego en un cigarro y lo compenso plasmando otro poco en letras, y yo soy así, todo lo consumo en letras, hasta las del cigarro quemo con indiferencia, a veces pienso en dejarlo pero es como la soledad, siempre me acompaña. Como el pianista que mientras escribo toca para mis oídos yo ocupo mi teclado para deslizar mis manos deseosas. Porque soy una idealista que morirá cuando acepte la realidad, esa es la única muerte que en verdad me preocupa, que de besos vacíos ya se bastante, de labios fríos y errantes que queman con la desgana, si esos no me han matado no hay quien lo haga, aunque temo de mi mas que del resto, de mis pensamientos que me traicionan, de mis ganas que no se agotan, de mi espera que se hace eterna, de la vida que no controlo. Podrán llamarme ilusa por querer buscar donde no hay pero me gusta probar desgracias ajenas, amores mal pagados en otros corazones, nostalgias de lo que pudo ser y siempre supe que no seria o por lo menos lo supe la mayor parte del tiempo, y es ahí cuando confirmo lo que temo, la traición de mis sentimientos de la que les hablaba, esa que me engaña y me hace ver aquello que no existe donde miro, eso en que tanto creo que ya ni tocarlo haría falta, como una fe que se alimenta de aquello que no conozco, pero quisiera probarlo, sólo para morir con su sabor, sabiendo que si había razón en la porfía perpetua de mi corazón.

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